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Adriana, ESC en Suecia

La experiencia en la ecovillage de Suderbyn, para el proyecto Regreen, fue maravillosa. Ya desde el primer día, hubo un ambiente súper cálido y se dejó ver todo el sentimiento de comunidad que hay en la ecoaldea, y cómo de bienvenido eres allí pues todo el mundo es distinto y proviene de, prácticamente, todo el mundo, con historias muy distintas. Si bien no es una experiencia para todo el mundo (dormir en tienda de campaña con bastante humedad y frío, prácticamente sin electricidad o calefacción, solo pudiendo usar una ducha exterior y compost toilets o el mismo terreno de la ecovillage para ir al baño…), merece MUCHO la pena.

Fue un giro de 180º de cómo veía la vida, me abrieron los ojos respecto al cambio climático y a nuevas maneras alternativas de vivir y alcanzar la autosuficiencia de una manera sostenible, sana y en comunión con la naturaleza y nosotros mismos.

Fueron 23 días de vida comunal constante, estar acompañada siempre, hacer amigos y tener aventuras y conversaciones maravillosas y… lo que más me gustó: LA COMIDA. De pasar a ser prácticamente carnívora a convertirte en vegana durante 3 semanas hizo que ahora sea vegetariana: de verdad, allí la gente cocina demasiado bien. Yo, por ejemplo, aprendí a hacer pan y algunas recetas veganas que ahora uso en mi día a día.

Lo que más me hizo feliz de toda la experiencia: los amigos que hice, con los que pude compartir mi inmersión en una experiencia muy distinta a lo que conozco en mi vida diaria. La gente que vivía en la comuna, voluntarios o no, se convirtieron también en mis amigos: es un ambiente de cariño, cuidados, y amor hacia todo el mundo, puro altruismo y comprensión. He de decir que, cuando llegué allí, pensé: ¿en dónde me he metido? Casi me dejé llevar por los prejuicios, la mítica idea de que la gente que vive así es hippie, sectaria, o cosas peores, y nada más alejado de la realidad: la cultura fluye y sale por todos los poros de Suderbyn, y lo que yo veía como extraño lo acabé apreciando e incluso buscando.

Vivir en la isla de Gotland durante prácticamente un mes fue maravilloso. Conocer Suecia de esa manera es verdaderamente fascinante: todos los días cogíamos la bici e íbamos a los acantilados, a la playa, o visitábamos la preciosa ciudad de Visby, que nos encantaba.Gracias a Suderbyn, ahora sé mucho más de permacultura y de mí misma y, especialmente, de nuevos proyectos que quiero seguir en mi vida. Esta, sin duda, no va a ser la última ecoaldea que visite, pero sí que es un gran comienzo para mi nueva aventura sostenible.Tengo que agradecer mucho a todos los suderbynians: por su comprensión, su apoyo constante, su interés, su ayuda, y por hacer de este un proyecto maravilloso que creo que mucha gente debería probar a pesar de los prejuicios. En todo momento la host organisation estuvo ahí para todo, pues era gente que vivía al pie del cañón en la aldea, con la que estaba todos los días a todas horas.

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